¿Cómo puedo distinguir entre estrés y ansiedad?

El primero ocurre en un tiempo limitado; el segundo, lo imagina nuestro cerebro.

Que sienta nervios y presión frente a una entrega de un proyecto es estrés. Que usted esté de vacaciones y le asalten pensamientos preocupantes, le cueste desconectar del trabajo o duerma con dificultad es ansiedad. A grandes rasgos ésta puede ser una buena definición para distinguir estrés y ansiedad, pero hay más cosas que deberá saber.

Mientras que el estrés ocurre en un tiempo limitado, la ansiedad no necesita que esté presente en ese momento ningún elemento estresante para activarse, nuestro cerebro tiene visiones de situaciones estresante, aunque en ese momento no exista ningún peligro real. Es decir, es un producto de nuestra imaginación, algo que nos alerta por lo que podría suceder en el futuro.

Imagine al cerebro como un controlador de emociones. Cuando sentimos estrés, es como si éste encendiera una alarma de ¡peligro! y nuestro cuerpo se prepara para enfrentar un problema. Pero si estamos ansiosos, el cerebro se preocupa por cosas que podrían pasar en el futuro y la alarma de ¡peligro! sólo se enciende por algo que podría no llegar a ocurrir. Cuando nos estresamos, el cerebro activa el sistema lucha-huída que nos ayuda a lidiar con problemas. Esto hace que el corazón lata más rápido y que nuestros sentidos estén alerta. Pero esto ocurre durante un periodo de tiempo, mientras está presente la situación que nos preocupa. Si el estrés dura mucho tiempo, puede afectar a una parte importante del cerebro que ayuda con la memoria y el aprendizaje.

La ansiedad es cuando el cerebro se preocupa demasiado por cosas que podrían suceder o no. A nivel cerebral, la ansiedad involucra regiones como la amígdala, que está relacionada con la detección y el procesamiento emocional, y la corteza prefrontal, que regula el pensamiento y la toma de decisiones. Cuando se sufre ansiedad, estas regiones muestran una actividad aumentada que resulta en una percepción excesiva de amenaza o peligro en situaciones que, en realidad, no lo son. La ansiedad crónica puede llevar a cambios estructurales en el cerebro, como la disminución del volumen de la corteza prefrontal y alteraciones en los circuitos neuronales relacionados con la regulación emocional.

Así fabrica ansiedad su cerebro

Para entenderlo fácilmente, piense en que si siente ansiedad es porque su cerebro está experimentando miedo. Éste puede tener diversas razones: miedo a que algo ocurra o no, a situaciones pasadas, a no lograr algo, a ser herido, a no ser lo suficientemente bueno, a no ser querido, a perder, a ganar… La solución para dejar de sentir ansiedad es ayudar a su cerebro a superar sus miedos. ¿De qué tiene miedo su cerebro? Bueno, su cerebro antiguo e inconsciente ha almacenado recuerdos de situaciones que le causaron fuertes emociones a lo largo de su vida, tanto positivas como negativas. Sin embargo, su cerebro prioriza las emociones negativas para protegerlo, ya que su principal preocupación es su supervivencia.

Así que, incluso si recibe muchos elogios por algo bueno que hizo, una crítica negativa captará más atención en su mente. Es como si su cerebro estuviera más enfocado en evitar lo malo que en disfrutar de lo bueno. Esto se debe a que su cerebro inconsciente guarda traumas, miedos y situaciones estresantes, y quiere prevenir que se repitan. Aunque usted olvide estas cosas, su cerebro no lo hace, recuerda esas situaciones amenazantes y busca protegerlo.

Entonces, cuando algo en su vida le recuerda esas situaciones, su cerebro reacciona con ansiedad, incluso si el peligro ya pasó o no es real. Esto genera una serie de síntomas asociados a la ansiedad, como palpitaciones, insomnio o problemas en la piel. La ansiedad es la manera en que su cerebro le comunica que está asustado. Y es que el cerebro opera en dos niveles: uno es el que controla conscientemente y el otro es automático. Increíblemente, este segundo nivel, llamado inconsciente, dirige aproximadamente el noventa y cinco por ciento de lo que hace y piensa.

Imagine que la información en su inconsciente es como las estrellas en el cielo. Durante el día no las ve, cree que solo aparecen en la noche. Sin embargo, siempre están ahí; solo necesita oscuridad para verlas. Además, subestimamos cuántas estrellas hay. En una noche estrellada en el campo, ve muchas más que en la ciudad. Incluso, algunas luces son galaxias enteras con millones de estrellas. De manera parecida, su inconsciente guarda pensamientos e influencias que moldean lo que hace y piensa. Aunque no los vea durante el día, siempre están ahí. Este almacén en el inconsciente es amplio y está siempre presente, a lo largo de los años desde que su cerebro empezó a formarse. Es mucho más grande de lo que puede comprender y decide la mayoría de las cosas que hacemos o pensamos.

La clave para reducir esta ansiedad es disminuir la activación de la amígdala que hace que afloren tantos miedos alojados en el subconsciente. Y en cambio, aumentar el funcionamiento de nuestro cortex prefrontal, esa zona cerebral que nos permite razonar, solucionar problemas y darle el peso justo a las situaciones. El entrenamiento cerebral ayuda mucho a disminuir la ansiedad al fortalecer la capacidad de esta zona para regular y gestionar las respuestas emocionales exageradas, lo que resulta en una sensación general de calma y control frente a situaciones ansiosas. Este proceso permite equilibrar las reacciones emocionales, permitiendo que enfrentemos los desafíos de manera más tranquila y eficiente. Es por eso que son tan habituales, después de haber hecho un entrenamiento cerebral, frases del tipo: «En otro momento esta situación me hubiera preocupado pero esta vez me he sorprendido tomándomelo con calma» o «esta vez vi claramente lo que tenía que hacer en vez de preocuparme y darle vueltas». Quien habla en estos casos tiene un cerebro que está conectando mejor su cortex prefrontal y que no se deja secuestrar por la amígdala.

Se trata de entrenar las estructuras cerebrales para que puedan responder bien ante el estrés y no lo cronifiquen en algo que se aloje en el organismo. Evitamos así que el cerebro fabrique estas imágenes que generan ansiedad. Porque recuerde, aunque sienta síntomas reales, no deja de ser una invención de su mente.

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